Hace más de 70 años, ciertos sectores de la comunidad médica y las
autoridades de salud de los países industrializados mantienen un debate
sobre los efectos de la sal. El punto en discusión es la relación que
existe entre la cantidad de sal que se
consume y la presión arterial. La tesis adoptada por varias
organizaciones de salud, algunas agencias federales de los EE.UU. y
ciertas organizaciones médicas, es que la ingestión de sal por encima
de cierta cantidad causa hipertensión y puede causar enfermedades
cardíacas.
Tras años de debate entre epidemiólogos, entidades médicas e
investigadores, y decenas de trabajos publicados en revistas
científicas, la prestigiosa revista Science trató de hacer un balance.
Al inicio mencionó la posición oficial de 36 organizaciones médicas y 6
agencias federales, que recomiendan un ingestión diaria de sal no mayor
a 6 gramos (2.4 gramos de sodio), lo cual es 4 gramos menos de lo que
consume un americano promedio. Según estas entidades y quienes las
apoyan, esto reduce la presión arterial y disminuirá los infartos.
Por otra parte, Science mencionaba decenas de trabajos científicos
llevados a cabo por investigadores en diversas partes del mundo, que no
han podido encontrar un vínculo directo entre el consumo de sal y la
hipertensión. Algunos, por el contrario, han encontrado beneficios en
las dietas ricas en sal. La base de la tesis contra la sal está en la
retención del agua, a la que el organismo responde con un aumento de
presión arterial. Sin embargo, según uno de los científicos dedicados al
tema, esto es una simplificación que deja de lado mecanismos mucho más
complejos.
Según este investigador “el mecanismo de respuesta del cuerpo humano a
la sal se parece en su complejidad a una novela rusa, con más de 50
personajes que participan”. Entre éstos están diversos nutrientes,
hormonas e interacciones a nivel molecular. Como ejemplos, da la
importancia del sodio para mantener el volumen de la sangre, el del
potasio para la dilatación o contracción de los vasos sanguíneos, la del
calcio en la actividad de los músculos lisos. También menciona la
acción de las calorías sobre el sistema nervioso y el sistema simpático
en su acción sobre los vasos sanguíneos (la disminución de calorías hace
bajar la presión).
Hace más de 70 años, ciertos sectores de la comunidad médica y
las autoridades de salud de los países industrializados mantienen un
debate sobre los efectos de la sal. El punto en discusión es la relación
que existe entre la cantidad de sal que se
consume y la presión arterial. La tesis adoptada por varias
organizaciones de salud, algunas agencias federales de los EE.UU. y
ciertas organizaciones médicas, es que la ingestión de sal por encima
de cierta cantidad causa hipertensión y puede causar enfermedades
cardíacas.
Tras años de debate entre epidemiólogos, entidades médicas e
investigadores, y decenas de trabajos publicados en revistas
científicas, la prestigiosa revista Science trató de hacer un balance.
Al inicio mencionó la posición oficial de 36 organizaciones médicas y 6
agencias federales, que recomiendan un ingestión diaria de sal no mayor
a 6 gramos (2.4 gramos de sodio), lo cual es 4 gramos menos de lo que
consume un americano promedio. Según estas entidades y quienes las
apoyan, esto reduce la presión arterial y disminuirá los infartos.
Por otra parte, Science mencionaba decenas de trabajos científicos
llevados a cabo por investigadores en diversas partes del mundo, que no
han podido encontrar un vínculo directo entre el consumo de sal y la
hipertensión. Algunos, por el contrario, han encontrado beneficios en
las dietas ricas en sal. La base de la tesis contra la sal está en la
retención del agua, a la que el organismo responde con un aumento de
presión arterial. Sin embargo, según uno de los científicos dedicados al
tema, esto es una simplificación que deja de lado mecanismos mucho más
complejos.
Según este investigador “el mecanismo de respuesta del cuerpo humano a
la sal se parece en su complejidad a una novela rusa, con más de 50
personajes que participan”. Entre éstos están diversos nutrientes,
hormonas e interacciones a nivel molecular. Como ejemplos, da la
importancia del sodio para mantener el volumen de la sangre, el del
potasio para la dilatación o contracción de los vasos sanguíneos, la del
calcio en la actividad de los músculos lisos. También menciona la
acción de las calorías sobre el sistema nervioso y el sistema simpático
en su acción sobre los vasos sanguíneos (la disminución de calorías hace
bajar la presión).
Como si todo esto fuera poco, se menciona las variables que
introducen la edad, el sexo y la etnia. Por último está la sensibilidad a
la sal, comprobada experimentalmente, habiéndose desarrollado ratones
de laboratorio sensibles a la sal. Quienes cuestionan las
recomendaciones de las autoridades de salud, muestran estadísticas de
lugares donde las condiciones de vida son diferentes, en los cuales una
ingestión de sal más alta que la americana va acompañada con una presión
sanguínea más baja. Por último está el argumento de las condiciones de
vida.
En los países industrializados, donde se trata de reducir la
ingestión de sal –al menos por quienes sostienen la tesis del vínculo
sal-hipertensión– las condiciones de vida favorecen resultados
engañosos. Según los que no apoyan la tesis, en esos países se vive bajo
mayor tensión por más tiempo, condiciones más favorables a la
hipertensión y al infarto. Dada la complejidad de los factores que
determinan la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares,
consideran que es virtualmente imposible aislar el consumo de sal como
factor influyente, y mucho menos determinante. En otras palabras, no
aceptan que se haya comprobado una relación .
El informe de Science Magazine mencionó
un número igual de estudios que soportan la relación sal-hipertensión
como de los que la niegan; sin embargo la conclusión es clara: la
relación sal-hipertensión no está probada: las recomendaciones contra el
consumo de sal van más allá de lo que puede sustentar la ciencia. Entre
las opiniones sobre la campaña “anti sal” de las organizaciones
americanas, compartidas por otros países, probablemente la más lapidaria
es la del fisiólogo de la Universidad Nacional de California, Drummond
Rennie, Editor del prestigioso “Journal of the American Medical
Association” (JAMA).
Según este investigador:”Se puede decir sin ninguna duda de que la
NHLBI (Instituto Nacional de Hipertensión, Corazón y Pulmones) se ha
comprometido a una educación sobre la sal que va más allá de los hechos
científicos”. Tal vez más contundente aún sea la cita que hace Science
del famoso físico Richard Feynman, ya difunto:”…no es posible probar que
una teoría vagamente expuesta está equivocada…y si el proceso de
verificar las consecuencias no está bien definido, con un poco de
habilidad, cualquier resultado experimental se puede manipular para que
parezca el esperado”. En otras palabras, aunque se siga recomendado
disminuir la ingestión de sal para combatir la hipertensión
–recomendación que ha tenido un fuerte impacto en los hábitos
alimentarios– hasta hoy las razones para hacerlo no han podido ser
fundamentadas.
Por: Tomás Unger (http://tomasenlinea.com/2012/04/controversia-de-la-sal/)
No hay comentarios:
Publicar un comentario